lunes, 1 de febrero de 2010

La filosofía


Disculpad el retraso con el escrito de esta semana, pero las averías domésticas y los inconvenientes sanitarios se han aliado para robarme parte del tiempo que dedico a esto del blog, por lo que esta semana la cosa ha salido un poco menos elaborada que en otras ocasiones.
Hoy tontearé un poco con la filosofía. Recuerdo que era una de mis asignaturas favoritas, por no decir la favorita, aunque eso sí, en clara competencia con lo que antes se llamaba Ciencias Naturales. No sé si era un síntoma de poca personalidad o de no madurar las cosas por mí mismo, pero lo cierto es que por regla general, cada vez que leía a un filósofo comulgaba casi por completo con todo que decía. Hasta aquí no hay nada raro, lo extraño es que cuando acto seguido aparecía otro filósofo con una manera de entender las cosas diametralmente opuesta, también me mostraba de acuerdo con lo que decía, pese a estar en clara oposición al primero. A fecha de hoy, aún no tengo muy claro si aquello se debía a no tener las cosas demasiado claras, a que era muy conciliador o a que sencillamente era un “facilón”.
No suelo recomendar películas y libros (siempre hay gente muy rara por ahí que piensa que las películas las has dirigido tú), pero en esta ocasión lo haré y os recomendaré un libro para todos aquellos que gustéis de estos temas, se trata de “El mundo de Sofía” de Jostein Gaarder. Si alguno os atrevéis, por favor, comentadme qué os ha parecido cuando lo estéis leyendo.
Respecto a la filosofía, en mi opinión, deberían existir tantas filosofías como personas y es que nos guste o no, cada uno tenemos nuestro particular modo de entender las cosas y claro, así nos va. Todos los comportamientos mantenidos a lo largo de nuestra vida son realizados de una determinada manera en función de cómo pensamos y sentimos; lo que a unos les provoca rechazo a otros les encanta y a otros les deja indiferentes. A poco que tengamos algo de sentido autocrítico y que analicemos los acontecimientos, observaremos que todo, absolutamente todo, es susceptible de ser interpretado de distintas maneras, dependiendo dicha interpretación de dos factores:
  • El lado desde el que observamos el acontecimiento.
  • La afectación del acontecimiento; es decir, si el acontecimiento nos afecta directamente, si implica a terceros conocidos o si por el contrario es a terceros desconocidos a los que afecta.
Como consecuencia de esto y a modo de ejemplo, podemos concluir que, pese a la cuestión moral de si robar es lícito o ilícito, si alguien robase a un tercero desconocido para poder comer, podríamos entenderlo. Si por el contrario ese mismo sujeto robase a un tercero conocido, seríamos menos propensos a ser tan comprensivos y finalmente, si ese mismo sujeto nos robase a nosotros mismos, seríamos muy poco proclives a justificarlo. Las cosas además se complican cuando a estas particularidades sumamos los condicionantes educacionales y culturales de los que nos hemos ido impregnando día a día...
Resulta muy complicado valorar las cosas de manera justa cuando tenemos tantos condicionantes para no hacerlo, por eso es importante intentar poseer una filosofía personal sencilla, flexible y maleable, que se pueda ir adaptando a nuestra manera de entender la vida y que vaya creciendo, y evolucionando con nosotros. Tenía un amigo que decía que la filosofía es como los michelines, ambos deben crecer con nosotros.
Todos los seres humanos acumulamos vivencias y experiencias a lo largo de nuestra vida, y la suma de todas esas vivencias y experiencias son las que al final hacen que sintamos, pensemos y actuemos de una manera determinada; lo que sucede es que esas determinadas maneras debemos moldearlas y dulcificarlas de manera que nos ayuden a convertirnos en mejores personas. Tenemos la obligación de esforzarnos por mejorar día a día, intentando ser más justos, ecuánimes, altruistas, objetivos, generosos y todos los etcéteras positivos que queramos añadir. En mi caso particular sí existe ese esfuerzo por mejorar, por acortar distancias entre lo que soy y lo que quiero llegar a ser, por ser cada día un poco más justo, ecuánime, altruista, objetivo, generoso y ese montón de etcéteras más; y aunque son muy pocos los avances y enorme el camino por recorrer, sí es cierto que he conseguido mis pequeños logros y que a fecha de hoy, creo sinceramente que algo he mejorado…
Al final esto es como lo de dejar de fumar: sin sacrificio no hay victoria. Es duro y complicado eso de cambiar la forma en que entendemos y sentimos las cosas, máxime cuando llevamos toda una vida siendo como somos, pero también es cierto que cuando obtenemos un pequeño avance, por pequeño que éste sea, es estupendo sentir que el esfuerzo ha merecido la pena.
En mi caso particular he conseguido algunas mejoras: hace años era una persona un tanto infeliz e insatisfecha, quería lo que no tenía y lo que tenía no lo valoraba... en fin, un auténtico desastre. Con este equipaje era complicado lo de sentirse bien y ser feliz, que a la postre es a lo que todos aspiramos en mayor o menor medida. Os vais a reír con lo que os voy a contar ahora. Resulta que un día estaba viendo un capítulo de una serie bastante popular en aquella época que se llamaba “La hora de Bill Cosby”; básicamente era una comedia enlatada de las peripecias de una familia afro americana muy americana. En uno de los capítulos, el cabeza de familia contaba que llevaba toda la vida buscando un escritorio de madera, uno de esos con muchos cajones, tintero, persiana corredera de madera y un amplio listado de accesorios que ahora no recuerdo. El hombre explicaba que llevaba toda la vida tratando de encontrar el escritorio soñado y que aunque había visto muchos, ninguno era exacto al imaginado, cunado no le faltaba una cosa le faltaba otra, el caso es que no terminaba de encontrar el dichoso escritorio y claro, aquello le hacía bastante infeliz al hombre. Contaba que un día decidió que aquello tenía que cambiar, buscó un escritorio con algunas de las cosas que deseaba (cajoncitos de madera y persiana abatible) y lo compró. Cuando se lo llevaron a casa comentaba que se prendó de él, que lo sintió como SU escritorio, que jamás volvió a pensar en el escritorio soñado y que desde aquél día había sido un hombre feliz, ¿qué le vamos a hacer? Bill Cosby era así…
Aunque la serie era bastante flojita y los temas a tratar bastante insustanciales, a mí, particularmente, me cambió la vida. Decidí obligarme a disfrutar de lo que tenía, que era mucho, y a valorar las cosas por lo que eran, olvidándome de lo que no eran... Y la cosa es que no me ha ido tan mal, tengo la enorme fortuna de haberlo conseguido, siempre estaré en deuda con aquella serie.
Tiempo más tarde aprendí otra de las cosas importantes para esto de ser feliz. Recordándolo se me dibuja una sonrisa enorme porque resulta un tanto curioso que dos de las enseñanzas más importantes de mi vida hayan venido dadas por una teleserie y un cursillo de ventas. El curso en sí podía haber pasado sin pena ni gloria, al fin y al cabo se trataba de aprender a vender más y mejor, pero lo cierto es que a mi me encantó, me divertí un montón y además me enseñó algo tan importante como la necesario que es situar el antes que el YO. Al finalizar el curso salí de él pensando un poco más en los demás y un poco menos en mi, a escuchar más y hablar menos, y a intentar practicar eso tan raro que llamamos empatía.
Y ese es todo mi secreto, pensar más en los “tús” y valorar lo que tengo, ya veis qué simple. También es cierto que a mi filosofía particular he ido incorporando la sabiduría y experiencia de personas mucho más instruidas que yo, y que ahora, sus pensamientos se han convertido en mis pensamientos, hasta tal punto que no sabría vivir sin algunos de ellos. A modo de resumen quisiera regalaros cuatro perlas, siendo la primera de ellas la que conforma de una manera más clara mi manera de ser y de sentir la vida.
La joya de la corona pertenece, según dicen, a la cultura rusa y dice así: “Nunca enseñes a cantar a un cerdo, pierdes tu tiempo y lo que es peor, molestas al cerdo”. Sé que puede parecer una tontería pero no os hacéis idea de la cantidad de cosas a las que cabe aplicar dicha frase, lo que me ha ayudado, la de ahorro de tiempo que me ha supuesto y la de molestias que me ha evitado, jajajaja.
La segunda joya es aquello de que “nada es verdad ni mentira, todo depende del cristal con que se mira”, verdad gigantesca donde las haya que tendría que figurar con letras de oro en todos los libros de enseñanza. La tercera comentaba que “antes de juzgar a alguien hay que caminar tres lunas con sus zapatos”, pocos comentarios puedo añadir a semejante frase. Y por último una de nuestro ilustre Quevedo, que decía que “no se debe mostrar la verdad desnuda, sino en camisa”, un consejo que siempre convendría tener presente.
Y a partir de este punto sería genial que cada cual aportaseis las vuestras, me encantaría conocer y aprender de todos y cada uno de vosotros. Os invito a ello…

Y poco más, hasta la semana que viene.

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